Guía completa
Lo primero es saber si sale o si se está yendo por dentro
Cuando un coche pierde refrigerante, la pregunta que decide todo lo demás es si la fuga es externa o interna. No es un matiz técnico sin importancia: una vale entre 80 y 500 €, la otra puede superar los 2.000 €.
Las fugas externas son las que se ven: un latiguillo agrietado, un radiador con una fisura, la bomba de agua perdiendo por el sello, la junta del termostato reseca. Las internas no dejan mancha porque el líquido se va dentro del propio motor: la sospecha principal es la junta de culata, y en menor medida el intercambiador de aceite.
El test de presión, primer paso siempre
Presurizamos el circuito con un equipo profesional a la presión de trabajo habitual, entre 1 y 1,5 bar. Si el sistema mantiene la presión, no hay fuga real y el síntoma tiene otro origen. Si la presión cae:
- Rápido y con mancha visible: localización directa, reparación sencilla.
- Lento y sin nada visible: hay que sospechar de una fuga interna y pasar a la prueba siguiente.
Cuando la sospecha es la junta de culata
La culata sella la parte superior del motor, donde están las válvulas, contra el bloque de cilindros. Cuando la junta que las separa falla, puede pasar refrigerante al aceite, aceite al refrigerante, o gases de combustión al circuito de refrigeración. Cada combinación deja su propia huella: aceite con aspecto lechoso, refrigerante turbio, burbujeo en el depósito, humo blanco espeso por el escape.
La prueba que lo confirma es sencilla: un detector químico que se coloca en el cuello del depósito de expansión cambia de color si detecta gases de combustión disueltos en el refrigerante. Si cambia, la junta de culata está confirmada.
Reparar la junta de culata implica desmontar la culata completa, rectificarla si el sobrecalentamiento la ha deformado (algo habitual cuando el problema se ha arrastrado tiempo), montar junta nueva y tornillos de un solo uso con el par y la secuencia exactos del fabricante, y purgar todo el sistema. Es una operación de uno o dos días y entre 1.200 y 2.500 € según el motor.
Por qué no conviene demorarlo
El patrón que vemos con más frecuencia es el mismo: el aviso de temperatura salta de forma intermitente, el conductor sigue circulando rellenando refrigerante durante semanas, y lo que empezó siendo una fuga pequeña acaba deformando la culata por el calor y terminando en un motor destrozado. Frente a una junta de culata de 1.500 € de media, un motor nuevo puede costar entre 4.000 y 8.000 €.
Si tu coche avisa de temperatura o pierde refrigerante, llama al 665 24 51 43 antes de seguir circulando con el aviso encendido.